

Desde que era niño, entendí el valor que tiene la salud. Crecí en una familia de médicos, y eso me permitió ver de cerca tanto los avances de la medicina como las desigualdades en el acceso a ella. Muy pronto me di cuenta de que no todas las personas pueden recibir la atención médica que merecen, y eso me marcó profundamente.

Por supuesto, el camino no ha sido fácil. He vivido momentos de duda, obstáculos y días en los que parecía que nada saldría bien. Pero también he tenido la oportunidad de ver cómo una idea puede convertirse en un impacto real, con jornadas médicas, alianzas clave y personas agradecidas que hoy tienen un diagnóstico a tiempo gracias a NEUROTAC.

“No basta con detectar los problemas: hay que moverse, actuar y construir soluciones, aunque tengas solo 17 años.”
- Carlos Castillo Soriano

Mi Historia

Carlos no solo dirige NEUROTAC; también representa una nueva generación de líderes que creen en la medicina con sentido humano. Su historia demuestra que la edad no limita el impacto, y que con visión, valentía y comunidad, es posible transformar realidades.


A los 17 años, mientras aún estudiaba la preparatoria, descubrí una gran necesidad: la falta de acceso a estudios de tomografía. En lugar de quedarme con esa frustración, decidí hacer algo. Con el apoyo de mi familia y algunos amigos que creyeron en el proyecto desde el primer momento, fundé NEUROTAC.
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Hoy, sigo convencido de que la medicina debe tener un rostro humano y que la edad no es una barrera para generar un cambio. Esta es solo una parte del camino, y sé que aún me queda mucho por recorrer.


Así senté las bases de un sueño que sigue creciendo: llevar tecnología médica avanzada a quienes más lo necesitan, sin importar su situación económica o el lugar donde vivan. Comenzamos con una sola sede, un tomógrafo y muchas ganas de hacer la diferencia.

Carlos no solo dirige NEUROTAC; también representa una nueva generación de líderes que creen en la medicina con sentido humano. Su historia demuestra que la edad no limita el impacto, y que con visión, valentía y comunidad, es posible transformar realidades.
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Hoy, sigo convencido de que la medicina debe tener un rostro humano y que la edad no es una barrera para generar cambio. Esta es solo una parte del camino, y sé que aún queda mucho por recorrer.

